Por fin. Ya era hora. Doce años después he vuelto a ver al señor Mark Knopfler en directo.

Cuando contaba con 17 años empecé a aumentar mi cultura musical más allá de lo que ofrecían las radiofórmulas. Era 1994.
Dire Straits había publicado unos años antes (en 1991) su último disco: On Every Street.
A aquel lanzamiento le siguió una mastodóntica gira que, creo yo, agotó al señor Knopfler en demasía y debió de pensar que no merecía la pena pegarse semejantes palizas. A partir de entonces ya sólo sacaría nuevos discos en solitario con giras muchísimo más cortas y modestas.
De aquella gira se realizó un disco en directo publicado en 1993 con una calidad de sonido impecable: On the Night.
Y lo dicho, era 1994, y aquel verano Dire Straits iba a tocar en mi ciudad. En la que iba a ser su última gira aunque no lo sabíamos aún.
Un amigo, Jon Olabarría, iba a ir al concierto y nos lo dijo a varias personas para que fuéramos con él. No lo hicimos. Yo nisiquiera sabía quienes eran realmente.
Para que lo averiguara me dejó el “On the Night”, y entonces descubrí que su música había entrado en mi vida sin que yo me diera cuenta: Walk of Life, Money for Nothing o Your Latest Trick son de esos temas que ni siquiera hoy día es posible no conocer.
Y me gustaban, vaya si me gustaban.
Pero de aquel disco aquellas no fueron en realidad las canciones que más me atrajeron. Fueron On Every Street, Romeo and Juliet y Brothers in Arms.
En ese disco eran auténticas bandas sonoras tocadas en directo, con un nivel de perfeccionismo que se me metió en la cabeza de forma rotunda. No podía dejar de escuchar ese disco y ambientar mis fantasías con el sonido de aquellas canciones.
Otro amigo, Borja Suberviola, me regaló la cinta del On Every Street porque no le gustaba. Escuché la cinta un par de veces y decidí que a mí tampoco y se la devolví.
No me decidí por tanto a ir al concierto. Lo consideré prescindible en ese momento de mi vida.
Y empezaron a suceder muchas cosas en mi vida. Y la música de Mark Knopfler y Dire Straits aumentaron su presencia en mis buenos y malos momentos. Un amigo, Gorka González, me fue enseñando todo lo que él tenía del bueno de Knopfler, y cada vez su música me fue atrapando más.
No era una cuestión de megalomanía, ni de mitificación. Por la razón que fuera su música traspasó dentro de mí una barrera que ninguna otra música había conseguido atravesar nunca.
Yo, que hasta entonces no me había atado musicalmente a nada, ni entendía esa clase de ataduras, quedé ya hasta el día de hoy pegado al toque de guitarra de un escocés.
Según fui descubriendo la historia pasada de Knopfler y los “Dires” también redescubrí la de veces que se habían metido en mi vida sin saberlo.
Siempre se me había quedado fijada la imagen de una portada de un casette que solía ver al subir el autobús al colegio con 8-9 años.
Era una portada azul, y tenía una guitarra plateada que subía hacia el cielo. Era la portada del Brothers in Arms.
Y de aquel disco tenía otros muchos recuerdos sin saberlo. Como las imágenes de sus videoclips, principalmente de los temas Money for Nothing y Brothers in Arms.
El último vinilo que compré fue en una oferta de un gran centro comercial. Se llamaba Love over Gold. Aún recuerdo cómo quedé maravillado al instante por el primer tema de aquel disco: Telegraph Road.
Y por supuesto, redescubrí el disco On Every Street y se convirtió también para mí en otra pequeña joya musical.
En 1996, tras sacar Knopfler su primer album en solitario Golden Heart, realiza una gira a la que no faltamos ni yo ni ninguno de mis amigos. Disfrutamos en directo entusiasmados y en primera fila cómo el escocés tocaba delante de nuestros ojos algunas de nuestras piezas favoritas. Recuerdo, como no, un inmenso Telegraph Road.
Después, me he ido perdiendo gira tras gira ya por mis circustancias personales, bien porque una vez yo con la entrada en la mano va y a alguien le da por atropellar al guitarrista que volvía en moto de los ensayos de la gira.
Se anuló toda la gira.
Da igual. La gira del Kill to Get Crimson no me la perdía por nada del mundo.
Y menos mal, porque volví a disfrutar y emocionarme con su música como hace 12 años. Muchos menos temas de los Dires que hace 12 años. Al menos puedo oir por primera vez en directo So far Away (otra banda sonora de mi vida).
Pero disfruté muchísimo con muchas de sus canciones en solitario: Hill Farmer’s Blue’s, Why Aye Man, What it is, Postcards from Paraguay y Speedway to Nazareth.
Después de algo más de dos horas acabó el concierto pero me quedé con ganas de más. Me faltaban On Every Street, Your Latest Trick, Silvertown Blues, we can get wild, let it all go y otras muchas que me hubiera encantado escuchar también en directo.
Ojalá sea en la próxima cita.
